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ABRIL 1937 - ANIVERSARIO BOMBARDEO GERNIKA
HEMEROGRAFIA
– AUTOR VICENTE AMEZAGA ARESTI
INDICE
POR TEMA
GERNIKA.
En
El Décimo Aniversario De La Destrucción De Guernika
Guernica
En El 13." Aniversario
Gernica
En El 15." Aniversario
Gernica
En El 15." Aniversario
El
martirio de Gernika
El
Otro Nieto Del Árbol De Guernica
El
Recuerdo De Gernika
El
Roble De Colonia
Un
Árbol y un Nombre son nuevo Testimonio de Guernica
EN
EL DÉCIMO ANIVERSARIO DE LA DESTRUCCIÓN DE GUERNIKA
Difícilmente
nación alguna puede presentar un record semejante al de nuestra
patria en la historia
de la
libertad. Libertad nacional que sirvió a maravilla para que dentro
de ella florecieran, fuertes
y
lozanas, todas aquellas libertades que hacen la dignidad del hombre.
Si nos
colocamos en los tiempos en que Roma señorea casi todo el orbe
conocido imponiendo a
varias
de las que luego habrían de ser grandes naciones su lengua y sus
instituciones jurídicas,
mirad
y ved a nuestro pequeño pueblo libre en sus montañas y valles, y
salvando en ellos,
juntamente
con su independencia, el tesoro de su idioma y leyes propias. Es como
una isla
roqueña
que resiste victoriosa los embates del mar de la romanización en que
todo aparece
sumergido.
Pasan
unos siglos y he aquí que se presentan los bárbaros a recoger la
herencia de Roma
moribunda.
Sus carros de guerra recorren triunfantes las Galias y se adueñan de
la Península.
Pero
entre las Galias y España, en su rincón del Pirineo, no más
inaccesible que el Guadarrama o
los
Vos-gos, los vascos resisten siempre. Y el "Domuit vascones"
que se repite como un "leit
motiv"
en las crónicas de los reyes visigodos proclama, con su reiteración
misma, la
inquebrantable
independencia de la nación vasca.
Una
nueva raza conquistadora aparece en la escena de la historia. Son los
musulmanes que en
una
rapidísima campaña hacen botín de toda la monarquía visigoda.
Pero sus caballos piafadores,
que
desde Gibraltar van recorriendo victoriosos todos los campos de
España, han de morder el
freno
y retroceder al llegar a las fronteras vascas. Allí los veremos
durante siglos sin que apenas
logren
poner pie en territorio de nuestra patria.
La
marea musulmana va cediendo. En una lucha de siglos, los reyes
cristianos van empujando a
su
tierra de origen a las huestes africanas dominadoras de España. Al
ir creciendo en poder, estos
reyes
intentan repetidas veces conquistar nuestra libre tierra; pero sus
intentos se estrellan
siempre.
Es Ordoño cuyas tropas invasoras son destrozadas en Arrigorria-ga, o
Pedro el Cruel que
sufre
dos tremendos descalabros en Gordexola y Otxandiano o Enrique IV que
ve perecer la flor
de su
ejército en los campos de Munguia...
Y así,
a través de los siglos, en una impresionante historia de no
interrumpida libertad hasta hace
poco
más de cien años en que los vascos "jamás vencidos"
dejan las armas en los campos de
Bergara
engañados por promesas solemnes que se habían de cumplir; promesas
de respeto a esa
libertad
gloriosa, madre de libertades ejemplarizantes simbolizadas en el
Árbol de Gernika.
Si
después de esta rapidísima recapitulación histórica concentramos
nuestra atención en la guerra
que
ensangrienta a nuestra patria a partir del 18 de Julio de 1936,
podríamos decir que asistimos
a una
lucha en que nuestro suelo se ve amenazado, al mismo tiempo, por
todos nuestros
enemigos
tradicionales; latinos, germanos y moros los tres enemigos históricos
de nuestra raza
concurren
esta vez en la lucha que sucesivamente y durante siglos movieron en
vano contra
nuestro
pueblo. Y esta vez conseguirán lo que jamás habían logrado: abatir
la libertad vasca. Y
para
que su venganza sea perfecta, para que esa libertad que fue un
perenne desafío a su innata
soberbia
de conquistadores no renazca más, darán a la vieja Euskal Erria el
golpe de gracia
hiriéndola
en el centro mismo de su alma; aniquilando a la ciudad que es santa
para los vascos
por
ser el relicario del símbolo de su libertad. ¿Qué otra explicación
puede hallarse a la salvaje
destrucción
de una pequeña población carente en absoluto de todo valor militar?
Pero
entre lo muy poco que se salva de la destrucción y el incendio que
todo lo devora, está el
Árbol
venerado. Y él sigue alzándose como un símbolo sobre las ruinas y
los escombros,
proclamando,
contra la victoria pasajera de las armas, el triunfo eterno de la
libertad.
No
importa que para vergüenza del mundo, de ese mundo atormentado que
no encuentra su
camino,
sigan teniendo actualidad dolorosa aquellas palabras que Lloyd George
escribiera a
nuestro
Presidente Aguirre:' 'Del mismo modo que a Ud. me extraña la manera
como las naciones
demócratas
del mundo permiten que los dictadores europeos aplasten las
libertades de un antiguo
y
venerado pueblo sin un gesto o una palabra de protesta".
A
pesar de todo esto, nuestra esperanza es cada día más fuerte.
"Gernika ganará la guerra" decía
nuestro
Presidente. Gernika, —añadimos nosotros— ganará nuestra
libertad. Porque su sacrificio
removió
hasta el fondo las conciencias de los vascos que aún dormían y
porque ese sacrificio ha
hecho
conocer entre los hombres dignos del mundo entero la inmaculada
justicia de nuestra
causa.
Y porque, a pesar de todo, seguimos fervorosamente creyendo en
aquello que se ha
escrito;
"En este mundo de miserias, de egoísmos y traiciones sólo una
cosa hay fuerte: la que es
justa".
Montevideo,
1947.
HEMEROGRAFIA
– AUTOR VICENTE AMEZAGA ARESTI
GUERNIKA
GUERNICA
EN EL 13." ANIVERSARIO
En
junio de 1808, Napoleón I hacía reunir en Bayona a la asamblea
constituyente que, a su imperial dictado, habría de dar a la
monarquía española su primer texto constitucional. La gran novedad
que, con respecto a los vascos, esa asamblea ofrecía era la de estar
incluidos en su convocatoria, cuando nunca hasta entonces habían
asistido a las Cortes del Reino, y el peligro que la misma entrañaba
para su libertad no pudo menos de alarmar seriamente a la Junta
General vizcaína reunida en Guernica que instaba a su representante
en Bayona Juan José María de Yandiola a hacer todo cuanto a su
alcanceestuviera por la conservación de defensa de nuestros mal
llamados "fueros".
No
defraudó Yandiola al pueblo en cuya representación actuaba y en su
firme y elocuente defensa de la patria amenazada por la omnipotente
voluntad del Capitán del siglo, dijo, entre otras cosas
memorables,
éstas que a continuación transcribimos:
"Desde
la más remota antigüedad, o más bien desde su primitivo origen ha
existido Vizcaya separada del gobierno general de España, con
constitución y leyes propias..."
"Había
necesidad en España de una constitución, y V. M. I. y R. ha tenido
a bien dársela; pero Bizcaya tiene una que ha hecho felices a sus
naturales por espacio de varios siglos y sin la cual no podrán
existir...
Si por
una fatalidad desgraciada, que no es de esperar, quedase ésta
suprimida, y comprendida Vizcaya en la Constitución general del
Reino, ¿cómo podría, olvidándose de sí misma, de su
independencia
y soberanía, reducirse a un Estado casi nulo?..."
En
esta memorable ocasión, como en tantas otras que pudieran citarse,
la pequeña república vizcaína se alzaba ante los poderes del mundo
para proclamar su soberanía milenaria y para recordar que el
disfrute de la misma durante muchos siglos había hecho la felicidad
de sus naturales. ¿Con qué derecho o en virtud de qué sombra de
justicia se podía atentar contra esa libertad que a los vascos hacía
felices y a nadie podía dañar? "Pro libértate Patria gens
libera sit", esto es, la patria libre para el hombre libre era
la gloriosa divisa que los vascos, ya en el siglo XII, podían
fieramente tremolar en aquellas edades de feudalismo e intolerancia.
Y el nombre ue simboliza todas esas gloriosas libertades que son
nuestromejor patrimonio es aquél que todos llevamos, en las entrañas
de nuestro corazón: Guernica.
Por
eso cuando en octubre de 1936 la comprensión de la República
española dio un grande y justiciero paso en la restauración de
nuestro orden jurídico conculcado, hacía ya casi un siglo, por las
desaforadas ansias niveladoras de la Monarquía, el gobierno vasco
que se constituyó acudió de inmediato a Guernica para prestar
juramento renovando una tradición secular. Allí, a pocos kilómetros
del frente de batalla, nuestro Presidente José Antonio de Aguirre,
"humillado ante Dios, en pie sobre la tierra vasca, con el
recuerdo de los antepasados", juró bajo el árbol de Guernica
cumplir fielmente su mandato, en cuyo ejercicio de derecho sigue y
seguirá en el corazón de los vascos hasta que su pueblo, devuelto
al uso de su soberanía, decida libre y democráticamente otra cosa.
Sin
duda que todos esos títulos, que hacen el nombre de Guernica sagrado
para todos los hombres libres, son los que cabalmente concitaron el
odio de los totalitarios. Porque no puede darse otro motivo para que
una población, que no ofrecía el menor pretexto estratégico para
ello, fuera bárbaramente bombardeada y criminalmente destruida como
lo fue Guernica.
Se
cumple ahora un nuevo aniversario de su destrucción y nuestro
recuerdo va una vez más hacia la cuna de nuestras libertades
convertida, como ellas, en ruinas humeantes. No hay en esta
recordación deseos de avivar ansias de venganza que maldecimos en
nuestro corazón antes de que puedan siquiera nacer. Nuestro recuerdo
de Guernica es de meditación de nuestra felicidad pasada y nuestra
miseria presente. Nuestro recuerdo es de renovación del juramento
que nos hemos hecho lodos los vascos honrados de dedicar cuanto somos
y cuanto podemos, sin descanso y sin desmayo, sin odio y sin miedo,
sobre el suelo de la patria o fuera de ella, para que olvidados estos
años de pesadilla, en días queno pueden dejar de venir, renovemos,
a la sombra del Roble, nuestra tradición de libertades que es
nuestra más gloriosa herencia. En nuestro recuerdo de Guernica,
nuestro pensamiento vuela agradecido a pueblos como el uruguayo que
sintió y sigue sintiendo fraternalmente nuestra tragedia, y se
dirige también a los poderosos de la tierra para preguntarles si
creen que puede ser posible seguir hablando de Justicia, Libertad y
Democracia, cuando se permite que uno de los pueblos más antiguos y
auténticamente libres y demócratas del mundo; uno de los pueblos
más tradición almente amantes de la justicia y la paz, siga clavado
en la cruz por el único delito de no haber querido sacrificar en el
altar de Tartufo.
El
Plata, Montevideo, Abril 29 de 1950.
HEMEROGRAFIA
– AUTOR VICENTE AMEZAGA ARESTI
GUERNIKA
GUERNICA
EN EL 15." ANIVERSARIO
El
conocido escritor inglés Vernon Bartlett acaba de recorrer España.
Y en uno de los artículos que
con
esta ocasión ha publicado en el "New Chronicle", Bartlett,
que ha visitado Guernica, escribe,
entre
otras cosas:
"Y
allí, en el mismo corazón de la más vasca de las villas, hay una
calle que lleva el nombre del
general
Mola, bajo cuyas órdenes, hace quince años, los alemanes llevaron a
cabo el más
importante
experimento de bombardeo de conjunto, atacando a Guernica, la villa
santa de los
vascos
y dejándola arrasada casi por completo. En la actualidad es un
pueblo pequeño pero
animado,
con hermosos edificios en su calle principal, reconstruidos con
granito algunos de ellos.
Solamente
cuando se penetra en la parte vieja se da uno cuenta de que los
borriquillos —por ser
hoy
día de mercado— se hallan ramoneando entre las ruinas de los que
fueran hogares vascos.
Pero
si consigue uno hacer hablar a los naturales del país comprende que
sentimiento tan amargo
les
inspira el general Franco y su exigencia de que deben considerar a
Mola como un héroe
nacional".
Continúa
luego escribiendo sobre la corriente de simpatía hacia los ingleses,
que pudo comprobar
en
todos los vascos con que habló y que lo explica, además de por
motivos de antiguo
intercambio
comercial y otros, por hondas afinidades políticas, y dice:
"...aquí
más que en ningún otro punto de España existe una tradición
democrática arraigada en
siglos
de historia. Durante muchas centurias, los representantes de los
pueblos vizcaínos se
reunían
bajo el árbol de Guernica —al igual que los delegados de los
cantones suizos— para
decidir
cuanto se refiriese a la administración de su pueblo. Y durante
siglos también, los reyes de
España
juraban respetar los Fueros de Vizcaya que eran, por decirlo así, la
Declaración de los
Derechos
de los vascos. Además, vizcaínos e ingleses durante siglos han dado
una misma
interpretación
a las palabras "libertad" y "derechos del hombre"...
Pero el edificio del Parlamento
Vasco
está vacío. Los Fueros fueron abolidos el año 1876 porque los
vascos se hallaban en el
bando
que resultó derrotado en las guerras carlistas. La República
Española reconoció a los vascos
el
derecho a regirse autonómicamente. Pero de ello queda tan sólo el
recuerdo, pues la autonomía
fue
anulada por el general Franco y sus aliados nazis y fascistas. La
guitarra con que el vasco
Iparraguirre,
durante su errante exilio, solía cantar al Árbol de Guernica se
expone muda a la
admiración
de los "visitantes".
Y al
alejarse de Guernica, el destacado publicista inglés escribe: "La
carretera que desde un poco
más
allá de Guernica conduce hasta San Sebastián es, a mi modo de ver,
no menos maravillosa
que la
de las cercanías de Capetown. Pero atravesando pueblitos pesqueros a
la orilla de un hosco
mar,
la recorrí entristecido y meditabundo. Pensaba con tristeza hasta
qué punto nos habituamos
y nos
mostramos insensibles ante crímenes tan horribles como el bombardeo
y la destrucción de
una
pequeña villa. Y meditaba en torno a la dificultad de hallar una
respuesta adecuada al
arrogante,
al tirano y al demagogo. En aquellos instantes recordaba lo que me
dijo un vasco en
Bilbao:
"De cada diez de nosotros, hay nueve que odiamos a Franco".
Al
cumplirse hoy un nuevo aniversario del bárbaro bombardeo de
Guernica, nos ha parecido bien
ceder
la palabra al publicista inglés que recientemente pasara por nuestra
tierra y a cuyas
ajustadas
expresiones poco es lo que nosotros podríamos agregar.
Sí,
es cierto que hoy hace quince años los alemanes hitlerianos,
principales forjadores de la
victoria
de Franco, bombardearon "experimental-mente" a Guernica,
dejándola arrasada casi por
completo.
Sí, es cierto que aquél era el santuario de nuestra democracia, más
antigua que la
inglesa
y la suiza; aquél el símbolo de nuestras milenarias libertades
arrasadas por Franco y sus
aliados
nazis y fascistas. Es cierto que de cada diez vascos nueve odian a
Franco, asesino en
Guernica
y sobre toda nuestra tierra, de su sangre y sus "derechos del
hombre" magníficamente
consagrados
en nuestros Fueros. Cierto que el mundo se habitúa y se muestra
insensible ante
crímenes
tan horribles como el bombardeo y la destrucción de una villa...
Pero aún es más
tristemente
cierto que "el arrogante, el tirano", sigue sin hallar la
respuesta adecuada de la parte
del
munco que se dice campeón de la Democracia y la Libertad y que
contempla impasible el
prolongado
martirio de uno de los pueblos que más cabalmente hayan encarnado
esos ideales
sobre
la tierra.
El
Plata, Montevideo, Abril 26 de 1952.
HEMEROGRAFIA
– AUTOR VICENTE AMEZAGA ARESTI
GUERNIKA
GUERNICA
EN EL 17." ANIVERSARIO
Se
cumple un nuevo aniversario de la destrucción de Gucrníca y su
recuerdo vuelve una vez más
a
nosotros; recuerdo que nunca perecerá en esta generosa tierra
oriental donde plazas y parques
de sus
principales ciudades llevan el nombre de la martirizada ciudad santa
de los vascos.
A la
bárbara acción de las alas germanas al servicio de Franco,
innecesaria e inexplicable desde
cualquier
punto de vista estratégico o político, sólo se le puede encontrar
una motivación lógica en
cierto
sentido; porque era natural que hitlerianos y falangistas, a los que
e! solo nombre de
libertad
repugna, escogieran como blanco de sus furores aquella villa
indefensa sin valor
estratégico
alguno, pero sagrada para todos los hombres dignos por ser el
relicario de las más
antiguas
libertades de Europa.
Por
eso la destrucción de Guernica fue un síntoma y además un
precedente, y en este último
aspecto
queremos detenernos en nuestra nota de hoy. Porque el arrasamiento de
lo que Guernica
simboliza
continúa implacablemente. No es ahora la metralla la que actúa;
pero el bárbaro instinto
que
hace diecisiete años hizo llover las bombas, ese inferior instinto
que se goza en destruir por
destruir
y en mancillar por mancillar, continúa su obra bestial sobre toda la
tierra de los vascos
secularmente
libre mientras que, hasta hace pocos años, el árbol de Guernica
pudo ser su cabal
emblema.
Es
preciso que el mundo sepa —aunque nada esperamos de los poderosos
del mundo— que al
pueblo
vasco se le está asesinando en su carne y en su espíritu. Es
necesario que las Naciones
Unidas
se enteren —aunque nada esperemos de ellas— que su pomposa
condenación del delito de
genocidio
de un pueblo, de nada sirve, por lo visto, cuando el pueblo con el
que se está
pretendiendo
acabar ha sido siempre, en los largos siglos de su historia, ejemplo
en el disfrute de
las
libertades propias y modelo en el respeto a las ajenas.
Siguiendo,
un plan diabólico —que ya tiene su precedente en aquel proyecto
del cardenal Cisneros
de
desterrar de Navarra a su pueblo en masa y repoblarlo con andaluces—
se estimula hoy la
inmigración
a tierra vasca de pueblos enteros de la estepa castellana o los
yermos extremeños,
para
ahogar a la primogénita de las nacionalidades de Europa en su misma
fuente. Se asfixia la
precaria
vida de la primera de nuestras características, el santo idioma de
nuestros apellidos, en
el
cual —¡aunque parezca mentira!— está prohibido escribir una
línea en la prensa que se edita en
tierra
vasca. Se persigue hasta el más elemental ejercicio de los derechos
humanos, como lo
atestigua
ese proceso de Vitoria celebrado hace unos días por lo que se
condena a años de cárcel
a
honrados y ejemplares ciudadanos —en ninguno de los cuales cabe
siquiera el socorrido
pretexto
del comunismo— por el terrible delito —tampoco probado— de
haber organizado una
huelga
justa y pacífica en la cual no se rompió ni un cristal. Pero no
hemos de seguir con la
exhibición
de los tristes frutos de la africana mentalidad del franquismo.
Nosotros
sabemos que la destrucción de Guernica continúa. Sabemos que mucho
mal se nos está
haciendo,
parte del cual quizá sea irreparable. Pero conocemos también el
temple de nuestro
pueblo,
sus increíbles reservas de resistencia y recuperación y sabemos
también —¡cuánto dolor
se
ahorrará el mundo si ellos lo conocieran!— que los desmanes de
toda tiranía son vanos a la
larga.
Sabemos que la misma enormidad de los ultrajes ha despertado
conciencias vascas que
creíamos
ya para siempre dormidas y ha sacudido y puesto en pie para la causa
de la libertad a
quellas
zonas de nuestra tierra que hasta ahora le habían permanecido
indiferentes u hostiles.
Sabemos
muy bien lo que decimos. Y por eso, en la larga noche de nuestro
infortunio, no se
extingue
nunca esta débil lucecita que una mañana cualquiera se agigantará
hasta convertirse en
sol
radiante. Será el día en que el árbol de Guernica dará, otra vez
y para siempre, sus frutos de
libertad
al pueblo más viejo de Europa, glorioso en sus cicatrices y
sublimado en sus torturas.
El
Plata, Montevideo, Abril 24 de 1954.
HEMEROGRAFIA
– AUTOR VICENTE AMEZAGA ARESTI
GUERNIKA
EL
MARTIRIO DE GUERNICA
"Arrasaré
Vizcaya. Tengo motivos sobrados para ello", nos anunciaba Mola,
el organizador de la
gran
ofensiva sobre Bilbao en aquellas octavillas que, intimándonos la
rendición, llovían de sus
aviones,
mucho más pródigos en la lluvia de bombas.
La
ofensiva había sido preparada con todos los medios y en coordinación
de todos ios elementos.
Un
centenar de aviones alemanes e italianos esperaban en sus bases de
Vitoria, Burgos, Logroño
y
Soria; más de la mitad de ellos fueron pronto dispuestos a distancia
de sólo 15 kilómetros del
frente.
En las fábricas de Vitoria y Burgos fue distribuido un enorme stock
de bombas de
fabricación
alemana; desde las de 500 kilos hasta la pequeña incendiaria de
aluminio que los
alemanes
iban a ensayar y perfeccionar sobre nuestro suelo. Y a esta aviación,
predominante
alemana,
se sumaban las columnas italianas, las banderas africanas, la
legiones del Tercio
Extranjero
y, finalmente, tropas españolas, requetés navarros para mayor dolor
de la Patria. Y
esas
fuerzas, que al comienzo fueron de 85.000 hombres porque se calculó
opt¡mistamente por
los
franquistas que, con los poderosos medios materiales de que
disponían, eran suficientes para
entrar
en Bilbao en tres semanas, llegaron a sumar 120.000 hombres —cerca
del doble del
ejército
vasco— cuando al cabo de 80 días de épica resistencia
consiguieron entrar en Bilbao en
un
avance en profundidad de 600 metros de promedio diario, ya que del
frente a la capital vasca
la
distancia media era de 49 kilómetros.
Había
que destruir el más formidable testimonio contra la mentira de la
"cruzada" franquista que
estaban
dando los vascos, pueblo religioso y de orden si los hay; había que
pagar a Alemania su
ayuda
decisiva al precio del mineral de hierro de Bilbao, y así, el 31 de
marzo con el feroz
bombardeo
de la villa natal del fundador de Montevideo, la vieja Durango, que
quedó semianiquilada
Ese
día, comenzó la terrible ofensiva en el curso de la cual la
aviación lanzó 162.000
bombas
con un peso total de 2.842 toneladas sobre los campos vascos que
carecían en absoluto
de
armas aéreas o antiaéreas para contrarrestar este ataque.
La
vieja patria fue desgarrada hasta sus entrañas; ardieron sus
bosques, cayeron destrozados sus
blancos
caseríos y, el 26 de abril de 1937, hace hoy justamente catorce
años, la aviación alemana
reducía
Guernica a una inmensa hoguera en que se consumían los cuerpos de
muchos de sus
hijos.
Muchos otros yacían en los bordes de las carreteras ametrallados por
los cazas en una
persecución
implacable. La civilización se cubría de luto y Guernica, símbolo
hasta entonces de las
libertades
vascas, adquiría, con su martirio, significación universal.
Hemos
meditado una vez más en este nuevo aniversario en el bárbaro hecho
y nuestra
meditación
nos ha llevado a la consideración de uno de los aspectos menos
estudiados del
franquismo:
el de su aterradora vacuidad espiritual. El crimen de Guernica, todo
el diluvio de
sangre,
dolor y lágrimas que el levantamiento militar ha hecho correr a todo
lo largo y lo ancho
del
suelo español, ¿por qué y para qué? Y no nos referimos aquí a
sus resultados definitivos que
bien a
la vista están: miseria espantosa, tuberculosis generalizada,
incapacidad e inmoralidad en
todos
los organismos de gobierno, prostitución como nunca fue conocida,
esterilidad en las
ciencias,
en las letras, en las artes... Todo eso, si no justificación, alguna
excusa podría tener al
menos
en el ensayo práctico de alguna nueva ideología hecho por sus
místicos y fervorosos
adeptos.
Pero, ¿puede decirnos alguno cuál es la instaurada por el
movimiento "salvador"
triunfante?
Difícilmente, a lo largo de la historia del mundo, se habrá dado
jamás vacuidad
ideológica
como la de ese movimiento que, al precio de la matanza de más de un
millón de
ciudadanos
y de la miseria y desesperación de la inmensa mayoría del resto, no
ha servido para
otra
cosa que para destruir la República, imposibilitar la Monarquía y
perpetuar en los regios
salones
de El Pardo al responsable de toda la catástrofe.
Los
trescientos mil vascos que en estos días desafían su poder, en una
huelga que es toda una
lección
de virilidad, civismo y disciplina, recuerdan una vez más estas
cosas a todo el mundo
civilizado
que hace catorce años se estremeció ante el crimen de Guernica.
El
Plata, Montevideo, Abril 27 de 1951.
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– AUTOR VICENTE AMEZAGA ARESTI
GUERNIKA
EL
OTRO NIETO DEL ÁRBOL DE GUERNICA
En
nuestro número anterior dimos cuenta de la plantación de un retoño
del árbol de Gernica en la
plaza
del mismo nombre de Montevideo. Completamos hoy dicha información
reproduciendo los
discursos
que se pronunciaron en el acto. El doctor Vicente de Amezaga se
expresó en los
siguientes
términos:
"Si
plantar un árbol es siempre un acto de cultura, figuraos cuanto más
lo será al tratarse de uno
como
el que hoy depositamos en la entraña de esta plaza de Gernika".
Tiene
este sencillo acto un doble significado: ha creído, de una parte, el
Departamento de
Estudios
Vascos de la Universidad de Montevideo que me honro en presidir, que
le correspondía
auspiciar
este acto, inaugurando sus tareas de este año con el homenaje al
árbol que durante
siglos
dio al mundo lecciones de libertad; hemos querido significar con ello
que no concebimos a
la
cultura en su total y verdadero sentido, sino fundada y cimentada en
la libertad; que no
comprendemos
a la cultura vasca sino recibiendo su savia y su vida de la libertad
vasca que mejor
que
nada este árbol simboliza.
Y
tiene para nosotros esta sencilla ceremonia de hoy otro aspecto, otro
significado entrañable: el
de un
testimonio más, patente y viviente, de la fraternidad vasco-uruguaya
que nos inunda a
todos
en sus gratos efluvios al contemplar a la tierra oriental, fecunda y
generosa, recibiendo en
su
seno ese símbolo de nuestra raza.
¡Orientales!
Hace años que los vascos venimos soñando con un día que más
pronto o más tarde
ha de
¡legar: el de la liberación de nuestra patria. Y soñamos también
que cuando el sol de la
libertad
ponga sus brillantes reflejos en las hojas de nuestro roble sagrado,
ese día será de gozo
supremo
en nuestra vieja tierra. Jamás nuestros valles se habrán mostrado
vestidos de un verdor
tan
nuevo; jamás eJ riquísimo manto de nuestro policromado paisaje se
habrá desplegado en un
derroche
tal de matices y tonalidades, caricia y regalo de los ojos. Pienso
que el murmurar de
nuestros
arroyos nunca habrá sido tan sonoro, argentino y jocundo como
entonces y hasta el
ronco
rugido de nuestro mar bravio se ha de suavizar aquel día en matices
de canción cunera,
como
arrullando y meciendo a la libertad que vuelve a nacer...
Pero
yo os aseguro, amigos uruguayos, que esa universal exultación de
nuestra tierra no podrá ahogar en nosotros ese sentimiento
elemental, ese deber primario en todo pecho bien nacido: la gratitud.
Sí, aquel día de nuestra alegría será también el del buen
recuerdo para los amigos fieles cuya ayuda nos llevó a alcanzarla,
los amigos que se ganaron ese nombre abriéndonos sus brazos cuando
nosotras, despojados de todo, recorríamos la vía de la Amargura. Y
cutre ellos, entre los que primer lugar ocupen, vosotros los del
Uruguay, los de todas las horas y lodas las oportunidades.
Permitidme,
pues, que cierre estas pobres palabras con estos dos gritos que
tantas veces ya han
salido
hermanados de mi garganta: ¡Viva el Uruguay!, ¡Gora EuzkadÜ"
El
doctor Adolfo Berro pronunció las siguientes palabras:
"El
Departamento de Estudios vascos de la Universidad de Montevideo
decidió aceptar el
ofrecimiento
que su digno y entusiasta colaborador Dr. Miguel Báñales hizo de un
roblecillo que
desciende
del histórico, tradicional y glorioso árbol de Guernika, para
plantarlo aquí, en esta pla/a
mon-tevideana
que lleva el nombre ilustre y magnífico del pequeño gran pueblo,
sacrificado
cínicamente
por la violencia inaudita y vandálica del totalitarismo".
¡Arbolito
de recordación insigne, une en fraternal corriente tu savia euskara
con los fecundos
jugos
de esta tierra uruguaya, amante como tu patria lejana por la
distancia, y tan cerca, sin
embargo,
de nuestro corazón, de los principios democráticos y de las
libertades humanas!
¡Crece
lozano, roblecito de Guernika, en esta fértil tierra nuestra, en
esta sonriente plaza de
Montevideo,
bajo el dorado y fúlgido sol oriental que acariciará tus ramas, hoy
leves como tiernas
avecillas,
mañana nudosas y recias como manos gigantescas de labriego; crece
lozano, roblecito
de
Guernika, y lleva en tus ramas lejos, muy lejos, bien cubierto de tus
hojas verdeoscuras, para
que a
la sombra paternal de tu fronda rumorosa, jueguen los niños
montevideanos en fraterna
ronda,
y aniden los pajarillos en tu ramaje trémulo, y todos, pájaros y
niños, canten a la vida
sana,
ahitos de alegría y ebrios de sol!
¡En
tu savia se fundirán los jugos substanciosos de la vieja, homérica
tierra éuscara, con los de
esta
nación joven y libre del Plata inmenso, y levantarás, roblecito de
Guernika, tu copa
desafiante
y altiva frente al empuje del recio pampero y de la salobre
sudestada, símbolo de la
fraternidad
de dos pueblos cuyo trabajo se ha fundido en este suelo uruguayo como
tu savia
misma,
en odio a las servidumbres y a las tiranías y en ansias formidables
de libertad!
¡Roblecito
de Guernika en tierra charrúa, serás símbolo y ejemplo de la
reciedumbre de la raza
indómita,
de la honradez proverbial de sus hombres, de su indeclinable amor al
trabajo, de su
constancia
y su ardimiento a través de milenios de historia, de su habla
concisa y suave como la
dulce
serenidad de los valles pirenaicos, de su respeto profundo e
inconmovible a los derechos
sagrados
del hombre!
Roblecillo
de Guernika, en tierra uruguaya, hemos de pedirte, con las estrofas
de tu himno altivo y
glorioso,
que "permanezcas siempre en eterna primavera, cual vieja flor
inmaculada, que te
apiades
de nuestros corazones y que nos brindes tu divino fruto por la
eternidad".
Euzko
Deya, Buenos Aires, Mayo 20 de 1948.
HEMEROGRAFIA
– AUTOR VICENTE AMEZAGA ARESTI
GUERNIKA
EL
RECUERDO DE GERNIKA
Hoy,
día 26 de abril, se cumple el noveno aniversario de la destrucción,
por la aviación alemana,
de la
ciudad santa de los vascos.
No nos
detendremos en detallar el hecho vandálico ya tan bien conocido. No
vamos a especular
sobre
su especial significación. Ni siquiera nos pararemos en la
condenación del diabólico complot
mediante
el cual, por cierto tiempo, los criminales consiguieron que buena
parte de la opinión
mundial
honrada mirase como culpables a las propias víctimas. Todo esto ha
sido más que
suficientemente
aclarado. SÍ alguno hay que, a esta fecha, sigue sin rendirse a la
evidencia, ese
tal es
de la clase de hombres a los que ni los milagros despiertan a la luz
de la verdad. Dejémoslo
pues.
Este
aniversario nos encuentra en un momento de particular ansiedad para
el mundo. La paz ha
nacido
enferma. Junto a su cuna, los sempiternos egoísmos, el imperialismo
incurable, la
incomprensión
y el odio, acechan. El organismo creado para tutelarla corre peligro
inminente de
ser
convertido en instrumento de semivelados apetitos. Para que la paz
subsista, es preciso que la
justicia
reine soberana en ese organismo y que lo haga desde el principio y
hasta sus últimas
proyecciones.
Es la única forma de que se afianze y sea eficaz: sólo así los
hombres honrados del
mundo
llegaremos a esa fe constructiva que en todos se siente desmayar.
Ante
el tribunal de la O.N.U., se ha presentado por estos días una
acusación contra el régimen de
Franco.
Para nosotros los vascos se trata de que las naciones que aman la paz
condenen,
definitivamente,
al régimen que llevó a nuestro pueblo, pacífico si alguno, todos
los horrores y
crímenes
de guerra; se trata de que las naciones que lucharon por la
democracia, castiguen al
régimen
culpable del crimen cometido en Guernika, símbolo del pueblo
democráticamente más
viejo
del mundo; se trata de que los pueblos que combatieron contra Hitler
y Mussolini no
permitan
subsistir a esc régimen que sólo por Hitler y Mussolini pudo nacer
y que es su legítimo
heredero
y continuador de sus huellas; se trata de que el régimen simbolizado
en Franco sea
borrado
de la faz de la tierra; no sólo por lo que suponga de peligro; no,
únicamente, por el mal
que
puede y está presto a hacerse, sino principal y fundamentalmente por
el que hizo; por sus
crímenes
en cuya lista interminable destaca con sangrientas letras el nombre
de Guemica.
Sabemos
que no hacemos sino enunciar argumentos bien repetidos en favor de
nuestra causa;
creemos
conocer también algunos de los que están impidiendo su rápida y
justa resolución. Lo
que no
comprendemos es como puede llegarse a la suma candidez o de
hipocresía necesarias
para
invocar el principio de la no intervención en favor de un régimen
que todos saben que a la
intervención
alemana e italiana debe su existencia; lo que no podemos entender es
que, por
miedo
al comunismo —es minoría en nuestra patria y el último partido
numéricamente en el
Estado
español—, se siga manteniendo a un régimen, principalmente
determinante del
crecimiento
del comunismo español, y el único que, a pocos años que las cosas
sigan por este
cauce,
puede llevar como natural consecuencia al sangriento triunfo en la
península de las
doctrinas
de Lenin. Tanto más dura el franquismo, tanto más las posibilidades
de triunfo del
comunismo
se acrecen-tan. Esta es la pura y limpia verdad que ningún político
responsable puede
desconocer.
Está
ahora de moda decir que la democracia y la paz son paralelas e
indivisibles. Así es, en efecto.
Pero
hace mucho tiempo; desde todos los tiempos, han sabido los hombres
honrados que la
justicia
es esencialmente indivisible también. Que es tal su naturaleza que
cuando a ella en el más
mínimo
de sus miembros se la hiere, todo su cuerpo queda vulnerado. Nosotros
los vascos hemos
sabido
y practicado siempre esta verdad. Representantes de una nación
pequeña, pero tan grande
como
la que más en democracia, honestidad y sentido humano, alzamos hoy
el recuerdo del
martirio
de Guernica nuestra voz que clama justicia y libertad. Las pedimos
para nuestra patria. Y
para
todas las patrias del mundo que jamás podrán descansar en la paz
mientras que la justicia
por la
que claman crímenes como el de Guernica sea satisfecha.
Euzko
Deya, Buenos Aires, Marzo 30 de 1944. El Plata, Montevideo, Abril 26
de 1944.
HEMEROGRAFIA
– AUTOR VICENTE AMEZAGA ARESTI
GUERNIKA
EL
ROBLE DE COLONIA
"Al
verme a mí, árbol pequeño y humilde, alzarme solitario en el
centro de esta plaza, aquí en el
corazón
de la antigua y noble ciudad de Colonia, han de ser, sin duda, muchos
los que entre
sorprendidos
y curiosos me pregunten: ¿quién eres tú?"
"Y
yo, árbol pequeño y humilde, les debo contar mi historia: historia
que no sabe de guerras y
conquistas;
historia que desconoce esclavitud y tiranía; historia que aborrece
deslealtad y
traición;
historia en la que no caben falsas grandezas y caducos oropeles;
historia de un pueblo
que
fue siempre pueblo; historia forjada etl siglos de amplia, generosa y
ruda libertad"
"Al
otro lado de los mares, allá entre las verdes montañas de la vieja
Euzkadi hay, en Bizkaya, un
roble
viejo, fuerte y noble, como ella y como su ley".
"Es
un roble a cuya sombra los varones de la libérrima Bizkaya se
reunían desde inmemoriales
tiempos:
antes que la villa de Gernika que, más tarde, le dio nombre se
fundara, él exitía ya".
"El
existía mucho antes de que tantas orgullosas ciudades de la vieja
Europa se fundaran. Antes
de que
se edificaran sus Cortes y Parlamentos. Y, siglos antes de que la
Revolución francesa
lanzara
su grito de generosa rebeldía; anticipándose en centurias a la
libre Inglaterra que iba a
admirar
al mundo con sus constituciones democráticas y a la férrea
independencia de los cantones
suizos,
este roble daba sombra a los rudos vascos que bajo él se reunían
generación tras
generación
en aquellas Cortes soberanas que eran un himno perenne entonado a la
independencia
de la
patria y a la dignidad del hombre".
"El
fue signo de libertades, palacio de la Justicia y templo de la más
antigua democracia europea.
Cuando
en el viejo Continente los pueblos yacían en degradante vasallaje,
el pueblo vasco —todo
el
pueblo— se reunía al pie de este árbol para darse sus leyes
soberanas, por eso fue saludado
con
respeto, lo mismo desde la serenidad del Capitolio de Washington, que
desde el seno de
aquella
Convención francesa que se agitaba borrascosa".
"Y
cuando, pocos años después, los ejércitos de esa Convención al
mando de Moncey entraban en
Gernika,
la tropa formada rendía al árbol sus armas vencedoras".
"La
tiranía, naturalmente, lo aborreció. Y cuando las fuerzas del mal
comenzaron su criminal
desborde
en Europa, un diluvio de bombas y metralla redujo a cenizas la ciudad
santa de los
vascos".
"Pero
una mano divina salvó de la destrucción a aquel roble. Y, entre las
ruinas de su ciudad
amada,
él sigue viviendo, signo de libertad y testigo de la más tremenda
de las injusticias".
"Yo
soy un hijo de ese roble. Hace ya muchos años que un cantor
errabundo de las libertades
vascas
que moró muchos años en estas tierras había entonado aquella
estrofa generosa:
"Ernán
da zabalzazumunduan frutua". (Da y propaga por el mundo tu fruto
de libertad).
"Yo
soy uno de esos frutos. Por eso me han escogido para que habite en
esta tierra; en esta tierra
donde
tanta savia vasca ha fructificado; en esta tierra que es, ante todo,
tierra de libertad".
"Por
eso mis raíces se hunden en ella con una especial delectación;
¡encuentran siempre tan ricos
jugos!;
por eso mis ramas se lanzan cada día con más ímpetu a los cielos;
las auras que las
acarician
y los vientos que las sacuden son siempre auras y vientos de
libertad".
"Renuevo
vasco en tierra uruguaya, yo quisiera que vierais en mí esa
identificación, que siempre
supo
ser perfecta, del tronco vasco con la tierra oriental. Aqui donde los
hijos de vascos no
podrían
ser contados con todas las hojas de todas mis ramas, yo he sido
colocado como un
símbolo
de aquello que, después de la sangre, une más a los uruguayos y a
los vascos: el culto a
la
libertad".
"Esta
es mi historia. Historia modesta, pero limpia, vieja, recia y noble
de este árbol pequeño y
humilde
que veis alzarse solitario en el centro de esta plaza, aquí en el
corazón de la noble y
antigua
ciudad de Colonia del Sacramento".
Colonia,
Uruguay, Setiembre 10 de 1944
HEMEROGRAFIA
– AUTOR VICENTE AMEZAGA ARESTI
GUERNIKA
UN
ÁRBOL Y UN NOMBRE SON NUEVO TESTIMONIO DE GUERNICA
"Pocas
cosas más tristes, señores, entre los espectáculos de la
naturaleza que el de la
contemplación
de un árbol que muere. Más, mucho más triste, más encogedor del
ánimo que esos
paisajes
desérticos, que esos panoramas polares en los que pareciera que la
vida nunca existió o
que
por ventura se hubiere, hace siglos, para siempre extinguido, son
para mí esos otros
jalonados
por árboles cuyas raíces secas, cuyos troncos retorcidos, cuyas
ramas desnudas, están
señalando
el tremendo momento en que el supremo poder de fecundación de la
naturaleza ha
dejado
de ser.
Pero
si es triste y desolador el espectáculo del árbol que muere, nada
por contra, tan alegre, tan
tonificante,
tan promisor como la contemplación de los árboles que nacen; de los
árboles que con
ocasión
de esta hermosa fiesta vemos hoy surgir a la vida.
Parece
que se alzaran como una promesa de vida larga y fecunda; parece que
se levantaran
ofreciendo
tantas esperanzas risueñas como sus hojas de un verde simbólico;
parece como que
sus
ramas jóvenes fuesen capaces de cobijar todos los mejores auspicios
para la tierra en que
nacen
y para el hombre que les ayudó en su desarrollo; parece como si
asistiéramos al nacimiento
de
seres humanos; parece que, como en el nacimiento de éstos, nos
brotaran también a nosotros
en el
pecho las raíces de una honda alegría que no de otra cosa procede
sino de una como
comunicación
de vida, de una como participación en una perpetua renovación de
nuestro existir.
Por
todo esto, es hermosa esta Fiesta del Árbol que hoy estamos
celebrando. Lo es hermosa para
todos
los corazones; pero, lo es, sobre todo, para los de los vascos y
descendientes de vascos de
este
Departamento de Colonia para quienes tiene esta fiesta una honda y
especialísima
significación.
Habéis
plantado hoy aquí un retoño del árbol de Gucrnika. De aquel árbol
que daba cobijo a la
libertad
y a la democracia y al sentido de dignidad humana de los vascos, ya
en aquellos siglos en
que la
esclavitud, el vasallaje y el menosprecio de la persona humana en sus
masas populares,
eran
la triste herencia de Europa y del mundo.
He ahí
al nieto de aquel roble cantado en recias estrofas por Tirso de
Molina; he ahí, el vastago de
aquel
roble a quien el poeta inglés Wordworth consagrara un célebre
soneto; he ahí al árbol
saludado
desde la tribuna de la Convención francesa por Tallien; el mismo a
quien, poco después,
las
armas triunfadoras de esa misma Convención, a su paso por Gernika,
habían de presentarse
reverentes;
el mismo cuya efigie, emblema de la más antigua libertad, adorna el
Capitolio de
Washington.
Colocado
aquí en tierra uruguaya, él es eí símbolo más perfecto de la
feliz comunión de la savia
vasca
con la tierra oriental. Colocado aquí, él ha de ser, vascos y
descendientes de vascos, él ha
de ser
para vosotros un perpetuo recordatorio de vuestro origen y de los
deberes que ese origen
os
impone.
Como
el árbol debéis lo mejor de vuestros frutos a la tierra que os
sustenta: no se los regateéis;
sed
siempre —no hace falta que yo os lo encarezca— sed siempre los
mejores entre los mejores
de los
uruguayos. Pero como el árbol también, no olvidéis nunca la
modalidad de vuestros suelo
de
origen: que el sello vasco simbolizado en ese roble os distinga
siempre.
Vascos
y descendientes de vascos del Departamento de Colonia: por primera
vez desde que hay
memoria
de los hombres ese roble ha dejado de dar en su tierra frutos de
libertad. Y las fuerzas
del
mal desencadenadas un día sobre Europa redujeron a cenizas la ciudad
santa de los vascos
intentando
arrancar para siempre las raíces de la libertad allá en su tierra
más propicia. Pero su
intento
fue vano. Los vascos no renuncian ni renunciarán jamás a su
derecho; derecho santificado
por
los siglos. Y en tierra vasca y fuera de aquella tierra, en Europa y
en América, desde la gran
república
del Norte hasta la más pequeña de las del Sur, resuena en los
pechos de los vascos el
grito
de restauración. Es empresa santa a la que —sean cuales fueren sus
opiniones— no puede
oponerse
ningún pecho digno y porque es empresa a la que todos los vascos
dignos están
llamados,
yo estoy seguro, plenamente seguro, de que formaréis en ella, en
lugar de preferencia,
vosotros
los vascos y descendientes de vascos el Departamento de Colonia.
Euzko
Deya, Buenos Aires, Setiembre 20 de 1944. Discurso en Colonia,
Uruguay.
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26
ABRIL 1937 - ANIVERSARIO BOMBARDEO GERNIKA
TEMA
GERNIKA.
AUTOR
VICENTE AMEZAGA ARESTI
HEMEROGRAFIA
PRENSA URUGUAY 1943 1955
PUBLICADO
EN LA EDITORIAL XAMEZAGA CATALOGO OBRAS (885)
La
mas extensa en referencia a la Diaspora Vasca America Siglo XX
www.scribd.com/xamezaga
xabieramezaga@gmail.com
INDICE
TEMA GERNIKA
EL
RECUERDO DE GERNIKA ...EL
RECUERDO DE GERNIKA Hoy, día 26 de abril, se cumple el noveno
aniversario de ladestrucción, por la aviación alemana
